- ¿Eres insomne, desocupada o simplemente tienes un buen despertar?
- Tengo un poco de las tres cosas. La tercera opción es de lo que más carezco. – Observó, con un ademán pícaro – No te gustaría comprobarlo, créeme.
Anonadado, contemplé su gesto, de lejos. Su postura grácil y su cara de niña. Mantenía las manos muy juntas, como si hubiese algo entre ellas que pudiera esfumarse en cualquier momento. Tenía frío. Y temblaban sus hombros bajo una fina chaqueta de punto negra. Quise decirle que se acercase, que se refugiase bajo mi chaquetón, que yo la calentaría… Pero no pude. No la conocía en absoluto. Pero esos grandes ojos inspiraban confianza. Toda la del mundo si fuese necesario. Tanto amor y ternura había en aquella mirada de mujer capaz e independiente, tanta frustración, que hubiese dado cualquier cosa por darle calor todas las noches de mi vida.
- O sea, que te pasas las noches vagando por un parque, a oscuras, siendo perseguida por cualquier criatura oscura de la noche – profirió un sonido parecido a una sonrisa frustrada –y por la mañana no hay quien te levante, ¿no?
- Qué va. Mañana mi madre tendrá que echarme agua para levantarme; soy muy perezosa.
Volví a mirarla, más profundamente que antes. Los pechos reposaban sobre sus brazos y su postura variaba continuamente, removiéndose a un lado y a otro. De vez en cuando algún espasmo sacudía sus piernas, desnudas hasta algo más arriba de las rodillas, donde empezaba un vestido azul marino rematado en un cordón blanco, tanto en la falda como en el escote.
El pelo moreno le ondeaba rebelde alrededor de las mejillas redondas, y sus ojos oscuros, marrones, negros y a veces color chocolate, casi ocre, cuando le daba la luz del sol de frente, contemplaban todo el parque, sin fijarse en nada en especial. Una mirada dura y amarga, pero a la vez tierna. Como explicar su postura, tan intimidante, pero tan perfecta… Preciosa. Sólo eso.
Cada palabra que pronunciaba, parecían casi susurros, frases que invitaban en un sutil tono, a acercarse y susurrar con ella, en su tono íntimo. Atraían como imanes irresistibles. Como caricias en los oídos, tentaban a soñar, con los ojos abiertos y la mente en blanco.
Y entonces sonrió por primera vez. Muy despacio al principio, como si no quisiera hacerlo. Y me juré a mí mismo velar porque no se apagasen nunca aquellos rasgos de su cara de niña. Me juré dar todo a cambio de lo mínimo por cada palabra y cada susurro. Juré entregarle todo aquello que pudiese abarcar con los brazos y capturar cada momento para guardarlo después en un cajón apartado de mi memoria. Pero sobre todo, juré amarla; amarla como nadie lo había hecho.


3 susurro(s)...:
Precioso. Una manera tan sencilla y sutil de describir las miradas que dicen todo y que a la vez no dicen nada.. que me encanta.
Saludos^^
Buena historia, me gusta tu estilo. Tiene mucho mérito escribir ficción
Esta muy bien el blog, no lo conocía hasta ahora, me pasaré más a menudo a leerlo. Aprovecho para felicitarte el 2012, un saludo!!
Publicar un comentario en la entrada