No hay nadie en la calle. Nadie en los bares. Todos ausentes. Nadie cerca, nadie lejos. La visión del espacio y el tiempo, la tercera y la cuarta dimensión se distorsionan, retorciéndose ante mis atónitos ojos. Nadie. Nadie más a quien llamar, nadie a quien acudir, nadie a quien animar. Porque el frío los ha recogido a todos, asustado, magullado. Todo el mundo se esconde en su madriguera. Tantas vidas separadas. Tantas luces que ya quedan apagadas. Fiesta, jolgorio, alborozo, diversión, agua, calor y noches eternas. Amores de verano, encuentros casuales, vacaciones con amigos. Todo ello ahora, gris y frío. Muy muy frío.
Así es siempre el otoño.
Y así ha venido este año.
Gris y frío.

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