"Existen derrotas, pero nadie está a salvo de ellas. Por eso es mejor perder algunos combates en la lucha por nuestros sueños que ser derrotados sin siquiera saber por qué se está luchando."
Paulo Coelho

5 de agosto de 2011

Frágil



Despierto, pero no estoy despierto. Solo sueño en vigilia contigo. Pero no quiero hacerlo, ya lo sabes. Es tan grande este pesar que llevo conmigo... No quiero hacerlo, no. No quiero darme de bruces de nuevo, créeme. Pero no soy capaz de soportarlo. No puedo olvidarte, ni siquiera ahora, que ya no me duele pensar en otra cosa que no sea tú.

Es todo tan frágil… Me da la sensación como todas las veces, de que todo tiende a caerse al suelo, estallar, y romperse en cientos de fragmentos, pequeños momentos que una vez creí que significaban algo. Y aunque en realidad no sé nada de esas muestras, me convenzo una y otra vez para acabar con todo indicio que me hiciese pensar otra cosa que no fuese una negativa dolorosa. Tantos frágiles recuerdos se acumulan en mi frágil mente, que frágilmente pienso que no es nada más que una frágil y tierna ilusión, algo que, desde el principio, y para qué engañarse, yo ya sabía. No, no soy partidario del derrotismo, pero esta vez sí. Esta vez me rindo.

Me rindo porque no soy capaz de hablarte directamente a la cara, y decírtelo de una maldita vez. No me atrevo. Me siento pequeño. Me hundo. Muero. Tengo la constante sensación de quiebra. Tan grande el abismo… Tantas veces lo he creído y cuantas más pensaré en ello sin tener razón ninguna de ser. Porque tú…

Tú no entiendes nada, no sientes nada, no sabes nada. Y ese es el principal problema. Que no sabes nada. Me gustaría que me escucharas, un día, en el que en vez de decir “no sé si lo que haces es a propósito, pero me estoy enamorando de ti, sin querer, muy poco a poco”, pudiese decir un “te quiero” con toda seguridad. Imagino ese día, y todo lo que pudiese venir después. Alborozo, felicidad, complicidad, miles de pequeños momentos, fragmentos que se recompondrán una vez finalice mi condena. O tal vez no. Tal vez solo de lugar al llanto, a la soledad, al miedo de no poder volverte a ver. De que no me mires a los ojos, que no me sonrías, que me mires como a un extraño. Porque es lo que soy. Un extraño que en silencio te adora, como a una princesa. Tantos cambios nos esperan, que aún me tengo que convencer que jamás tendré la posibilidad de hacerlo, de decirte de una vez por todas que te quiero.

Y sé que ese momento no llegará nunca. Lo presiento. Y por eso, soy un idiota. Al fin y al cabo, ¿quién iba a echar de menos algo que nunca existió?

Sólo yo.

Quizás también le interese...

Related Posts with Thumbnails