Nunca imaginé que aquello fuese a ocurrir. Nunca tuve certeza absoluta de mi futuro, aunque siempre consideré que entre esas opciones, volver al pasado no encontraba lugar. Quizá jamás comprendí que lo bueno y lo malo tienden a pasar de largo, tanto uno, como otro. Por desgracia, en ese pequeño momento, irrepetible, fugaz, ínfimo, no se nos ocurre tender la mano y agarrarlo con firmeza. Ese retal ha pasado ante mis ojos volando ligero. Pero, ¿dónde estaba? ¿Dónde se escondía tal pequeñez?
En un cajón. En un pequeño cajón de mi interior, que debí abrr mucho antes de que desapareciera. Mucho antes de que todo lo que yo quiero, empezase a quererme a mí. Mucho antes de cometer el error de retrasarme tanto en llegar. Mucho antes, quizá, de descubrir que las esencias más grandes, se guardan en frascos pequeños. Mucho antes de caer en el mismo error dos veces. Mucho antes de dejar de hablarte. Mucho antes de soñar contigo. Mucho antes del verano. Mucho antes de este adiós.
Debí pero no lo hice, y ahora asumo consecuencias.
Lo siento, nunca quise llegar tarde.


0 susurro(s)...:
Publicar un comentario en la entrada