"Existen derrotas, pero nadie está a salvo de ellas. Por eso es mejor perder algunos combates en la lucha por nuestros sueños que ser derrotados sin siquiera saber por qué se está luchando."
Paulo Coelho

11 de enero de 2011

Génesis

“Y la mujer respondió a la serpiente: Del fruto de los árboles del huerto podemos comer; pero del fruto del árbol que está en medio del huerto dijo Dios: No comeréis de él, ni le tocaréis, para que no muráis” . 
Génesis 3, 2. 

     La luz bañaba todos y cada unos de los rincones del verde paraje. El sol de la mañana caía, chapoteaba y rezumaba en cada uno de los charcos, cada gota de rocío y cada retal de bruma. Alhelíes, rosales, celindos, madreselvas, violetas y jazmines abrían sus tallos verdes de par en par para recibir el nuevo día, infundiendo al jardín los colores más bellos que en la naturaleza pudo Dios encontrar. La tonalidad amarillenta, azulona y carmín coronaba el trono de los primeros seres, envueltos en la naturaleza pura y sabia que dibujaba el Paraíso.

     La creación se alzaba inmensa a los nimios ojos de un humano, alrededor de los árboles magnos, el de la vida y el de la ciencia, entrelazados en un núcleo con motivos claroscuros y dura corteza, que culminaban con hermosura la colina del Edén. El primero de ellos, grandioso, nacía de los huesos de la madre tierra. Sentía, crecía y latía con la humanidad. Sangre viva corría por su savia y el jugo de su salado fruto estaba formado por lágrimas y sentimientos. El segundo, el árbol de la ciencia, cuya fruta prohibida era anhelada por todos los seres del jardín, pugnaba por salir a la superficie entre las frondosas hojas llenas de vida del otro. Sus semillas, dulces, propagaban sabiduría por la lengua de aquel que las probara...

     Pero todo aquello que el hombre no desea, mengua con la indiferencia; y aquello que el hombre tiene prohibido, crece ante sus ojos como un titán envidioso. Y aquellos doce frutos vetados pendían peligrosamente de las altas ramas de la planta. Aquella mañana, la bestia Ladón tentó a la mujer, que fue expulsada de la Tierra Primigenia, arrastrando al hombre.


     Hoy por hoy el árbol de la Ciencia supera en altura, grandiosidad y potencia al árbol de la vida, que se consume despacio. Hoy las masas caen ante el capricho de los grandes. Y aquella mañana, todo el jardín fue testigo del capricho y la caída.

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