A veces la solución más fácil es la mejor. O la más dramática, en mi caso. Me siento cobarde, llámame cobarde. Cobarde porque me rindo después de haber luchado durante un año por quererte y porque me quieras. Cobarde porque he cerrado los ojos ante lo que nos dolía. Cobarde porque en vez de enfrentarme al dolor acumulado, elijo huír. Cobarde porque tengo miedo a querer, cobarde porque tengo miedo a que me quieran.
¿Qué nos queda? Resquicios de caricias desgastadas, un beso en la mejilla, un abrazo sin apenas tocarnos, dormir de espaldas, hacer el amor sin amor. ¿Qué ha sostenido lo nuestro? Miro atrás y recuerdo que lo que quería era lo que tenemos hoy. Una relación formal, con todas las letras, pero sin ningún hecho. Miro atrás y veo que reíamos más, nos mirábamos más, que eramos uno abrazándonos, que inventábamos caricias, inventábamos el amor, nuestro amor.
Ahora, te echo de menos pero no puedo llamarte. Ahora, te sigo queriendo pero no me sale decirtelo. Ahora, tengo frío cada noche pero no puedo abrazarte. Ahora...ahora quiero estar contigo, pero yo ya no estoy, y tú tampoco.
Dahlia Oidio


0 susurro(s)...:
Publicar un comentario en la entrada